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tres poemas

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que escribí en el último tiempo

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entre capítulo y capítulo
hago una grulla.
decidí que esperar
es una tortura.
el tiempo de espera es tiempo
perdido, te da
ansiedad.
en cambio la grulla
te da paciencia, te da
técnica, te da
habilidad, te da
trabajo. y el trabajo
te hace moverte y
moverte te hace olvidarte y
la grulla te abre
en sus pliegues.
entre capítulo y capítulo
una grulla.


*

las cosas que están cerca, las
de la casa, un cuenco de cerámica.
barro cocido y pasado
de horno. las costras las raspo para ver
si sale algo o no,
está todo tapado. en algún lugar
la cosa fluye, se supone, hay una grieta
en la masa y en su precariedad
se descascara, hay
una palabra
que cala el hueso y al fin la hace
brotar: sangre. que salga a borbotones
que salga y me manche, y el chorro
me rompa piel, la cara.
sigo esperando que pase. si no lo
apuro no me va a aguantar, no puedo esperar
tanto de un objeto, no es
eterna la cerámica.

*

la música es medio épica, aún así
suave. vientos
de madera. lloro sin parar, sola
con la luz pren…
cuando siento angustia prendo la estufa. el calor de otro cuerpo tranquiliza
un cuerpo eléctrico tiene más presencia
que el fantasma del ánimo. una compañía que aparece al pulsar
el botón de encendido
y por la misma voluntad desaparece. aparato doméstico
que hace caso a mi deseo.
tengo el control sobre la habitación, me entrego
a esta intermitencia elegida.

*

el día se sostiene
con unas varillitas
de madera
mi cuerpo se sostiene
con unas parecidas
a la noche el fuego
de la estufa derrite
las varillitas y aparece
la carne, el músculo,
el material blando,
deforme.
me quedé muda. es temporario.
imagino los trayectos que marcan sus pies
pero no podría nombrarlos, a qué paso camina,
hacia qué lado, sobre qué mapa, imposible
saber dónde fue ni quiero saber
camión o furgón
tampoco sé si deslizarme o paralizarme
la inercia me atrapa en su propia inquietud
¿me muevo yo o se mueve la ruta? espero que se
despeje la niebla para obtener
alguna certeza.
agarro mi garganta y la miro
manzana o calavera
pobre garganta siempre afligida. lamento que sea ella
la que se afecta. tampoco sabe
por lo pronto no dice nada.
mi abuela murió con las uñas pintadas el día que finalmente íbamos a almorzar con laura. mi papá me dio la noticia, tenía aún el teléfono en la mano, aunque del otro lado ya habían colgado: se murió. tiré el café.

la casa de velatorios quedaba en la calle del paredón, frente a la universidad de lanús, donde se van velando eventualmente a todos mis familiares. yo me negaba al tema del luto y me puse una remera fucsia y una vincha que me paraba todos los pelos, que en ese momento usaba cortos y platinados.

que estúpido y feo ver un cuerpo muerto pero igual lo voy a ver, pensé. porque a mi abuelo no lo vi y todavía cargaba con la culpa. yo naturalmente prefería almorzar con laura, pero cancelamos, le dije, a pesar del fastidio que me producen los cambios de planes que provocan los muertos.

esa noche hacía calor. era enero, el veintitrés, día del aniversario de mis padres. ese día, casualmente, cumplían veintitrés años de casados. la casa de velatorios tenía un parquecito lindo con pla…

dos poemas isleños

escribí tu nombre y el agua
se lo llevó al instante
con impaciencia, borrando
lo que fuera que hubo
parece producto de una hechicería
estúpida, o de un romanticismo infantil
creer que la escritura podía permanecer
grabada a la playa, que algo podía
permanecer de alguna forma, pero así fue
tan rápida es la fuerza del océano
que no alcancé a ver
tu nombre deshaciéndose en la espuma

*

el día que te fuiste estaba sola, en la playa,
de noche y una estrella
fugaz surcó el cielo de la isla
dividiendo mi pasado
y mi futuro en rodajas perfectas
el presente en esta tierra salvaje
se enlaza al pasado en el continente
el futuro es la soga,
la soga que amarra el barco a la arena
y luego lo suelta

por qué mi madre me hizo

quizás yo soy lo que ella siempre quiso,
mi padre en mujer,
quizás soy lo que ella quería ser
cuando lo vio por primera vez, alto e inteligente,
parado en el patio de la universidad con la
luz dura y masculina de 1937
brillando en su pelo engominado. ella quería ese
poder. quería ese tamaño. tironeó
y tironeó a través de él como si él fuera caramelo
oscuro de bourbon, tironeó y tironeó y
tironeó a través de su cuerpo hasta que me sacó,
pegajosa y brillante, su vida después de su vida.
quizás yo sea como soy
porque ella quería exactamente eso,
quería que hubiera una mujer
muy parecida a ella, pero que no se retaceara, así que
se apretó fuerte contra él,
apretó y apretó la pelota clara
y suave de sí misma como un palo de crema batida
contra el agrio rallador metálico manchado
hasta que yo salí atravesando el cuerpo de él,
una mujer alta, manchada, agria, filosa,
pero con esa leche en el centro de mi naturaleza,
estoy recostada aquí como estuve alguna vez recostada
en la curva de su braz…
miércoles 28 de septiembre de 2016
por primera vez puedo hacer shirshasana (paro de cabeza) en el medio del salón, sin la pared, sin nadie que me sostenga las piernas. creía estar trabada desde hace un año en el mismo lugar. tuve miedo de no poder mantener mi cuerpo erguido en el aire y que mi columna se partiera en dos. pero nada de eso pasó, algo se movió. desencastré la pierna derecha de la cadera, alineé el sacro y cuando me desestabilicé, bajé sin golpear el piso. después volví a subir. trato de no castigarme con la creencia de que nada es casual, la vida avanza y retrocede en un oleaje sin fin.